Uno de los factores más ciertos para enfrentar la pandemia del coronavirus, con sus rebrotes y nuevas cepas, es la inmunización de la población por efecto de la vacuna. Hay una disputa, de alcance geopolítico global, al respecto.

En Bolivia apenas empezamos.

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El anuncio del presidente Arce de que en septiembre “vamos a estar vacunados todos” es alentador, aunque parece inviable.

Las nuevas olas del COVID- 19 en el mundo, sumadas a capacidades sanitarias diferentes y distintos enfoques en cuanto a restricciones (incluido el radical confinamiento, cada vez menos sostenible), confirman que la pandemia, más de un año después, llegó para quedarse. Cierto que hay importantes aprendizajes, pero la magnitud de la emergencia sanitaria ha rebasado todos los pronósticos: 107 millones de casos reportados a la fecha, con más de 2,3 millones de fallecidos (618.000 de ellos en América Latina).

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En medio de este oscuro túnel, cuyo fin parece todavía lejano, la apuesta estructural es la logística para hacer llegar las vacunas.

Más allá de la millonaria competencia de la gran industria farmacéutica para comercializar (a veces imponer) las diferentes vacunas hoy existentes, sin duda la esperanza está puesta en este factor. Claro que ello implica un desafío mayúsculo para los Estados en materia de recursos, acceso, organización, logística. Con la complicación adicional de que hay mucha incertidumbre y desinformación, pero pocas certezas.

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¿Cuál es la situación en Bolivia? Con gran despliegue de reflectores mediáticos y uso propagandístico llegaron las primeras 20.000 dosis de la vacuna Sputnik- V. Y se destinaron, en los nueve departamentos, a personal sanitario que está en primera línea. Es un buen paso inaugural, pero dista muchísimo de las zancadas que se requieren para lograr la necesaria (y anhelada) vacunación masiva. Asumiendo que las vacunas llegarán en plazo al país, ¿estamos listos para vacunar este año a 8 millones de personas?

Muy optimista, el presidente Arce aseguró que hasta septiembre habrá concluido la vacunación en el país. Y que en octubre se podrá bajar la guardia en materia de bioseguridad. Ello implica tres cosas. La primera es que se espera vacunar al menos un millón de personas cada mes, desde marzo. La segunda es que, mientras ello suceda, deben mantenerse restricciones. Y la tercera es la necesidad imprescindible del autocuidado. La vacuna del futuro, cuando toque, no elimina el peligro de contagio hoy.

Hasta el momento, solo Israel y los Emiratos Árabes Unidos han logrado vacunar a un alto porcentaje de su población. En el resto de países, la vacunación contra el COVID-19 es menor cuando no insignificante. Así, como afirmó la OMS, no hay posibilidad alguna de alcanzar este año la llamada “inmunidad de rebaño”. Habrá que ser realista, y paciente, respecto a las campañas de inmunización. Y mejor si se las aleja lo más posible de la disputa política, de las noticias falsas y de las campañas electorales.

Redacción Ver.bo